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sábado, 9 de abril de 2016

LA MAGIA DE LAS SUBVENCIONES


 
 








El que paga manda. Es un dicho que se cumple siempre, o casi siempre. Y se observa cuando compramos algo, porque tenemos derecho a decidir cómo ha de ser aquello que compramos.

Las cosas cambian cuando la persona que recibe el bien o servicio es distinta del pagador. Aceptamos que “a caballo regalado no se le mira el diente” y asumimos, sin quejarnos, que no hayan acertado con nuestros gustos cuando nos hacen un regalo.

Esta disociación entre el que paga y el que consume es frecuente en nuestra forma de vida actual. Y es frecuente también, que la “bondad” y el “respeto” del que paga, no se mantenga como en el caso de un regalo.

Ocurre cuando compramos un diario, porque el importe que pagamos no cubre la totalidad del coste; y, en vez de subir precios, se acude a otras fuentes de financiación como subvenciones o anuncios de contactos. Los anuncios de contactos degradan la sociedad desde hace más de 30 años y las asociaciones feministas y los gobiernos han hecho poco o muy poco para evitarlo. La financiación mediante subvenciones otorga al subvencionador una posición de privilegio que le permite, decidir cómo ha de ser la información subvencionada. Nada más claro que el caso de Cataluña en el que la prensa “baila sardanas” cuando lo manda el Independentismo.

Ocurre también en la enseñanza cuando es el Estado el que paga, aunque sea a través de nuestros impuestos. Tanto si es pública como concertada, la tentación de manipular ideológicamente las nuevas generaciones está siendo una tentación irresistible para la clase política, que ve la forma de perpetuarse.

Ocurre en general cuando se otorgan subvenciones. Se subvencionan actividades persiguiendo intereses ajenos, cuando no contradictorios, con el bien común, y los subvencionados conforman su actividad de acuerdo con los criterios que interesan a la administración que subvenciona. Cuando no nacen ya de forma corrompida o buscando cautivar votos. Son muchos los ejemplos que están en la mente de todos.

Y ocurre en la financiación de los partidos políticos y de los sindicatos; y en el caso de estos últimos se añade, con frecuencia, el hecho de que olvidan los fines para los que fueron creados y se dedican a actividades puramente ideológicas que no pueden “vender” por el convencimiento del ciudadano y el uso de la palabra, y necesitan agarrarse a las instituciones y a los fondos públicos. Son estas ideologías las que, a su vez, les permiten perpetuarse en sus puestos privilegiados.

Cabría preguntarse ¿para qué sirven los sindicatos?, o al menos algunos de  ellos, si su actividad de defender a los trabajadores ha sido sustituida por actividades ideológicas dirigidas a sus afines, a repartirse los fondos que reciben o a cautivar votos. La sección de Educación de CCOO de Cantabria se gasta los fondos que recibe en elaborar calendarios de mesa en los que ridiculiza al anterior Consejero de Educación con dibujos ideológicos o religiosos, ajenos a cualquier problema pedagógico o educativo.

Hoy da la impresión de que más que sindicatos, necesitamos asociaciones potentes de defensa de los consumidores; y que los sindicatos pertenecen ya al pasado.

Sin embargo hay mecanismos que puede restablecer la conexión entre el que paga y el que consume, y revitalizar entidades, devolviéndolas a aquellos fines para los que fueron creadas. Un mecanismo es el Cheque Escolar en la Enseñanza, y otro mecanismo es que la financiación y subvenciones a Entidades se realice marcando la X en la renta. El ciudadano no está para financiar de su bolsillo muchas entidades o ONG’s y sin embargo, estas son necesarias.

Un desplegable en la renta que permita asignar fondos a Partidos Políticos, Sindicatos, ONG's y Entidades definidas de utilidad Pública, tanto a nivel internacional, como nacional, autonómico o local, devolvería al ciudadano la capacidad de decidir, y fusionaría de nuevo el pagador con el consumidor, cerrando puertas a la manipulación y mejorando nuestras libertades.

Creo que fue Alfonso Guerra el que inventó el sistema de marcar la X. Debió pensar que con esto la Iglesia desaparecería en poco tiempo. Me pregunto si sobreviviría la sección de Educación de CCOO de Cantabria si tuviera que financiarse con la X de la Renta.

Rafael Ruiz
 


viernes, 6 de abril de 2012

LO PÚBLICO


 
 
En esta crisis económica que tiene sus raíces en una profunda crisis de valores, algunos principios como el Bien Común y el Principio de subsidiariedad del Estado frente a la iniciativa privada han sido eliminados de la “cosa” pública y sustituidos por otros principios como “El dinero público no es de nadie”.

Esta “desacertada frase”, pronunciada el 29 de mayo de 2004 por la entonces Ministra de Cultura Calmen Calvo, refleja con “acierto” la forma en que se ha gestionado el sector publico durante los últimos años.

Junto a ellos podemos enunciar también la regla: “el que paga manda”. Criterio muy claro que pretende dar a quien paga la facultad de ejercer autoridad en la realización del gasto que está pagando. Nos lo podemos encontrar con otros enunciados como “A caballo regalado no le mires el diente” pero el contenido es similar, y nos lo podemos encontrar en situaciones tan simples como cuando en Navidad algún pariente próximo te regala una corbata horrible que te tienes que poner por agradecimiento a quien te la regaló. Sin embargo la soberanía del consumidor, el derecho que tiene el consumidor a elegir libremente aquello que consume se sustenta en otra regla, que siendo prioritaria a la anterior tiene menos poder coercitivo y a menudo es suplantada por ella y que podemos enunciar como “el que consume manda”.

Cuando el que consume y el que paga son la misma persona todo funciona correctamente. Sin embargo con frecuencia el que consume no es el que paga y se abre una puerta por la que se puede introducir la manipulación. Esto ocurre con más frecuencia de la que sería de desear: cuando compramos un periódico, vemos la televisión, llevamos nuestros hijos al colegio, vamos al hospital. Y también cuando el Estado financia a los sindicatos, a los partidos políticos, cuando otorga subvenciones y cuando contrata con proveedores saltándose los procedimientos con subterfugios.

Las subvenciones del Estado a los sindicatos han supuesto que estos se olviden de la defensa de los trabajadores, de los que pierden su empleo y de los que ya lo han perdido; y se han entregado a ideologías que interesaban también al gobierno y que les han permitido a ambos disfrutar de sus privilegios.

La huelga general se ha vestido con muchos slogans y los sindicatos de la enseñanza ha emprendido toda una campaña contra los recortes en general como muro de contención para evitar esos otros recortes en su financiación propia que es dónde les duele y dónde está el caballo de Troya. No se trata de que los sindicatos caigan como dice Esperanza Aguirre –o quizá sí- ni tampoco de meter a todos los sindicatos en el mismo saco: en la enseñanza mientras USO tiene un reconocido prestigio, STEC es correa de transmisión de ideologías como la ideología de género. Se trata de que recuperen su función.

Tanto para los sindicatos, como para los partidos políticos y en general en la concesión de subvenciones el sistema de marcar la X en la declaración de renta garantiza la soberanía del ciudadano. Se verán obligados a estar al servicio de los ciudadanos y no al de los intereses de sus dirigentes. Durante unos años deberán establecerse complementos en forma de financiación directa como se hizo con la Iglesia para después ajustar los porcentajes y eliminar definitivamente la subvención directa. Este sistema es una garantía de libertad, de soberanía del ciudadano y devuelve los sindicatos a la función que le es debida. Con este sistema los sindicatos también ganan, es más son los que más se benefician; los que pierdan, los únicos que pierden son sus dirigentes.

En la aprobación de los presupuestos el gobierno ha desaprovechado una buena oportunidad para abordar el problema en la que hubiera contado además con la presión de Bruselas. Oportunidades las habrá y la batalla se ha de ganar entre todos porque la resistencia a perder privilegios es fuerte.