lunes, 29 de diciembre de 2014

QUID EST VERITAS?




Cálculos electorales similares a los de Poncio Pilatos, pero Rajoy olvida lo más importante: ¿Qué es la verdad?  Si tú no escuchas la verdad, nadie te la puede decir, respondió Claudia.
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Pilatos.- ¿Qué es la verdad, Claudia? ¿Tú la escuchas, la reconoces cuando habla?
Claudia.- Sí. ¿Tú no?
Pilatos.- ¿Cómo? ¿Me lo puedes decir?
Claudia.- Si tú no quieres escuchar la verdad, nadie te la puede decir.
Pilatos.- La verdad… ¿Quieres saber cuál es mi verdad, Claudia? He estado sofocando rebeliones en esta perdida provincia durante once años. Si no condeno a este hombre, sé que Caifás comenzará una rebelión. Si lo condeno, sus seguidores la comenzarán. De cualquier modo, habrá derramamiento de sangre. El césar me lo ha advertido, Claudia. Dos veces me lo advirtió. Juró que la próxima vez la sangre sería la mía. ¡Esa es mi verdad!

Unas escenas antes Claudia le había dicho: “no condenes a este galileo. Es santo. No harías más que meterte en problemas”. A lo que Pilatos respondió “¿Quieres saber mi definición de problema, Claudia? Ésta perdida provincia, esa sucia chusma de ahí fuera….” Y en el interrogatorio Pilatos le había preguntado a Jesús: “¿Y qué es la verdad?”,  pero Pilatos no esperó respuesta.

Estos breves diálogos no figuran en los Evangelios pero son necesarios en el guion de la película La Pasión de Mel Gibson y nos permiten entender las decisiones difíciles que tuvo que tomar Pilatos, y cómo con frecuencia en nuestra vida también podemos encontrarnos en situaciones semejantes y podemos lavarnos las manos como él.

La genial interpretación que hace Hristo Naumov Shovov de Pilatos nos permite imaginar al personaje. Pilatos fue un hombre de su tiempo fácilmente extrapolable al nuestro. Quiso hacer el bien, pero cometió el error de querer contentar a todos y olvidarse de buscar la verdad. No entendió que la verdad y el bien prevalecen siempre. Intentó que Herodes le solucionara el problema pero no funcionó. Después lo intentó con Barrabás y tampoco. Finalmente cedió ante el griterío “asambleario” de la turbamulta callejera encabezada por los fariseos. Se lavó las manos y entregó a Jesús, a un inocente, para que lo crucificaran.

No hay que echar mucha imaginación para trasladar la escena a la situación política que vive España en los momentos actuales con la Ley del Aborto. Nunca en toda la historia de la humanidad una ley ha incurrido en tal grado de iniquidad. Pervirtiendo el bien con el mal, define el aborto como un derecho y cambia la naturaleza humana introduciendo la ideología de género en la educación y en la sanidad. Es una ley que da forma al “seréis como dioses del Génesis”. Una ley votada bajo férrea disciplina de voto socialista, que en vez de solucionar el problema del aborto se lava las manos diciendo: no hay problema es un derecho; y deja “barra libre” a los objetivos comerciales de la industria abortista a la vez que cierra la puerta a la objeción de conciencia y cualquier otra discrepancia. Hoy 28 de diciembre, día de los santos inocentes, es un buen momento para recordar a todos aquellos que murieron antes de nacer.

El atentado del 11 de marzo de 2004 rompió las expectativas claras y legítimas de gobernar de Mariano Rajoy. Un atentado  que aún está sin aclarar y carga en su expediente un montón de interrogantes: manipulación de pruebas, falsos testimonios, aportación posterior de pruebas manipuladas. La causa material se ha demostrado que no fue Goma 2-ECO sino Titadyn. La persona acusada Jamal no pudo materialmente poner las bombas en todos los trenes a la vez. Muchos despropósitos a los que el líder de “Podemos” no presta la más mínima atención pero bien se jacta de la autoría del “Pásalo” que produjo el vuelco electoral a favor del PSOE. Tampoco se entiende que ni PSOE ni PP tengan interés en que se investigue la masacre. Parece como si para Rajoy hubiera sido una demostración de fuerza que le indicó el “aro por el que tenía que pasar”: no tocar las leyes ideológicas de Zapatero, a cambio de no ser incordiado y ser jaleado dentro y fuera de España. Rajoy debería sacarse de encima pitonisas, brujos, hechiceros y consignas extrañas. Como se dijo en la guerra del Pacífico en 1866: “Más vale honra sin barcos que barcos sin honra”. Más vale perder las elecciones por defender la vida, que surfearlas a base de no hacer nada para contentar a todos y perderlo todo y a todos.  En las próximas elecciones generales de Noviembre del 2015 habrá ver cuántos diputados quedan de los que votaron sí al aborto como derecho, y qué queda del Partido Popular sino deroga la inicua Ley de Zapatero.

  “Ofensiva de Rajoy para recuperar los votos perdidos” dice la primera plana de la edición de El Mundo del domingo pasado. “De nuevo la estrategia de Pedro Arriola vuelve a ejercer su terapia sedante”. “El presidente y sus ministros dan por hecho que si puede, Sánchez pactará con Podemos”. “Rajoy buscará gobernar en minoría en 2016, igual que hizo Aznar en 1996” “Rajoy moviliza al Gobierno” “Remodela la estrategia de comunicación y arenga a sus ministros a salir de los despachos”. “Trata de recuperar 2,5 millones de votos y pide a su equipo combatir a las nuevas fuerzas políticas”. Cálculos electorales similares a los de Poncio Pilatos, pero Rajoy olvida lo más importante: ¿Qué es la verdad?  Si tú no escuchas la verdad, nadie te la puede decir, respondió Claudia.
Publicado en El Mundo Cantabria el 29 de Diciembre de 2014
  

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