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sábado, 27 de junio de 2015

CARENCIA Y DESAHUCIOS





La banca cambió créditos para cobrar por viviendas para vender pero no recuperó su liquidez. Nadie supo ver que esto era un “negocio de tontos” y un drama de dimensiones colosales para el que se quedaba sin trabajo y después sin techo.
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Cien mil familias perdieron su vivienda habitual en los dos últimos años mientras que el 30% de las viviendas vacías de Europa se encuentran en nuestro país, según fuentes de A.I. apoyadas en estadísticas del CGPJ publicadas recientemente.

La ley 1/2013 de medidas para reforzar la protección a los deudores hipotecarios, establece una suspensión (carencia) en los lanzamientos sobre la vivienda habitual para determinados supuestos de especial vulnerabilidad, pero lo que se necesita es una Carencia opcional en el pago de la hipoteca de la vivienda habitual protegida por la Constitución, para después retomar el tema dónde se había dejado junto con sus intereses, cuando la crisis amaine para todos. Jurídicamente no entra en conflicto con ninguna otra ley y se trata de conseguir fondos en el BCE para financiarla. Era la mejor solución desde el inicio de la burbuja.

Hagamos un poco de memoria. Debía ser el primer semestre del 2008 cuando los tipos empezaron a subir dando un aviso de la explosiva combinación: pago de hipoteca, caída del precio de la vivienda, crisis económica y crecimiento del desempleo. La caída de la actividad económica hizo también caer fuertemente el precio del crudo y la gasolina, dando un respiro. Posteriormente los intereses bajaron y el precio de la gasolina subió atenuándose entre sí ambos efectos. Pero lo que no se atenuó fue la caída del precio de la vivienda, la paralización del mercado inmobiliario, la crisis económica y el incremento del paro. El drama de los desahucios flotaba ya en el horizonte y no había que ser un lince para verlo venir. Vender dejaba de ser una opción posible. La puerta de la ratonera se estaba cerrando. ¿Hasta dónde llegaría la caída de precios de la vivienda? ¿Hasta cuándo se prolongaría la crisis? Zapatero afirmaba que no había crisis.

A nadie se había obligado a pedir una hipoteca para comprar su vivienda pero la prolongación de la burbuja inmobiliaria en el tiempo durante más de siete años y la existencia de una burbuja anterior de escasas consecuencias como la que se extendió en España desde 1989 a 1992, generó la sensación colectiva de que aquí no va a pasar nada. Únicamente en Japón teníamos un referente que podía indicar el peligro que nos acechaba, ¿pero el ama de casa, el trabajador podían saber lo que había pasado y pasaba en Japón? ¿No debían ser las instituciones las que alertaran de forma eficaz y efectiva de la gota fría que se estaba acumulando en las altas capas de la atmósfera y los efectos devastadores que iba a tener? Se controló la inflación pero no se incluyó en la inflación el incremento del precio de la vivienda.

La crisis en su origen fue financiera y las soluciones eran también financieras antes de que se dañara la economía real. En Bruselas no se aclaraban, no se daban cuenta de que la mala configuración del euro acabaría destrozando la economía real. El 26 de julio de 2012 Draghi afirmó que «bajo nuestro mandato el BCE hará todo lo que esté en su mano por proteger al euro. Y créanme, será suficiente», asegurando que «ningún país saldrá de la zona euro». Fueron palabras tan mágicas para resolver la crisis financiera como evidenciadoras de que la raíz del problema de nuestros males estaba en el diseño del euro, en los Estatutos del Banco Central Europeo y en la obstinación germánica de Merkel. El mercado, las economías domésticas, necesitaban dinero. Había que financiar la pérdida de valor del mercado inmobiliario y eso sólo podía hacerlo el Banco Central Europeo.

En España se entendió que había que rescatar las Cajas de Ahorros y que no estábamos en ninguna Champions League, pero no se entendió que había que rescatar a las economías domésticas. La solución era tan sencilla como mágicas las palabras de Draghi. “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”, dice la Constitución. Y para garantizar este derecho bastaba con dar la opción de acogerse a una Carencia opcional en el pago de la hipoteca.

La Banca debía poder traspasar ese crédito a la SAREB que en vez de recibir viviendas para vender recibiría créditos para cobrar. Y la SAREB debía conseguir financiación en el BCE de la misma forma que se consiguió para financiar el rescate de la banca y sólo utilizamos la mitad. Merkel le “vendió” a Rajoy la necesidad de un recorte en el gasto público, pero Rajoy no supo “venderle” a Merkel la necesidad de financiar la pérdida de valor del mercado inmobiliario durante un plazo de tiempo.

La banca cambió créditos para cobrar por viviendas para vender pero no recuperó su liquidez. Nadie supo ver que esto era un “negocio de tontos” y un drama de dimensiones colosales para el que se quedaba sin trabajo y después sin techo. Gente en la calle, viviendas vacías y negocio para los especuladores.

La ley 1/2013 de protección de los deudores hipotecarios es insuficiente, restrictiva y compleja. Ha de ser completada con una Carencia opcional en el pago de la hipoteca. La forma de instrumentarla es sencilla. Cuando el prestatario solicita la carencia en función de determinadas circunstancias objetivas, la SAREB procede a efectuar el pago de la cuota hipotecaria por cuenta del prestatario, generándose una nueva deuda, pero esta vez con la SAREB y al mismo tipo de interés o a tipos reducidos del BCE para colectivos especialmente vulnerables. No se trata ofrecer “chollos”, sino de proteger la vivienda habitual de las turbulencias del mercado inmobiliario y financiero. Tampoco se trata de ofrecer banderas a los radicales antisistema, sino de quitárselas. Hace falta un gran pacto de Estado para conseguirlo, y ahora, antes de las elecciones, es un buen momento. Hay que vendérselo a Bruselas como un Plan Marshall para Rescatar a las Economías Domésticas afectadas por la Burbuja Inmobiliaria. “El Plan Marshall (denominado oficialmente European Recovery Program o ERP) fue el plan más importante de Estados Unidos para la reconstrucción de los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial, que a la vez estaba destinado a contener un posible avance del comunismo”. Wikipedia
 

domingo, 29 de junio de 2014

DESAHUCIOS Y DESAHUCIADOS II




 
 
Se rescató a la banca con menos dinero del que nos ofrecieron, pero no se entendió que había que proteger la vivienda familiar cumpliendo un mandato constitucional.
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En la primera parte hemos considerado los “aires de bonanza” que se viven en estos momentos en cuanto a liquidez financiera y expectativas de crecimiento económico. Hemos recordado cómo la mala configuración del euro y las políticas de bajos tipos de interés del BCE propiciaron el caldo de cultivo necesario para la generación de la burbuja inmobiliaria; y las escasas posibilidades que tenía el particular de prever lo que podía pasar. Hemos detallado lo que se ha hecho y lo que no se ha hecho a través de la ley 1/2013, de 14 de mayo, de desahucios, comentando que no se incorporó la dación de pago que era demandada por la ILP y diversos organismos. Tampoco se está haciendo nada en la reforma fiscal que se está elaborando, salvo una mención de cara a la galería, que dudo que tenga efectos en la práctica y que comentaremos más adelante.

La dación de pago generalizada y retroactiva se descartó por el gobierno por considerar “que incrementaría la morosidad, tal y como ocurrió en Irlanda -donde pasó del 3% al 30%-, y pondría en riesgo el conjunto del sistema financiero,(…) se insistió en que hay que tener presente que "es de justicia devolver los préstamos" y se consideró fundamental que la normativa no incentive al deudor cumplidor, que en España son más del 90% de las familias con hipoteca, a cuestionarse por qué paga”. Puestos a hablar de justicia también lo era haber evitado políticas que generasen burbujas financieras en bienes de primera necesidad como la vivienda, y haber controlado los precios de la vivienda en previsión de males mayores. Se rescató a la banca con menos dinero del que nos ofrecieron, pero no se entendió que había que proteger la vivienda familiar cumpliendo un mandato constitucional.

Podemos hacer unos números sencillos que visualicen si es acertada o no la argumentación del gobierno. Sería el caso de una vivienda que en los momentos de bonanza se compró por 100 pagando 20 en efectivo y solicitando una hipoteca de 80. En el momento actual el valor de mercado es de 60 y de la hipoteca quedan 75 por pagar. El propietario está en paro y no puede pagar por lo que si se le admitiera la dación en pago para cancelar toda la deuda sus cuentas serían las siguientes: habrá perdido 25 (veinte pagados en la compraventa y cinco por cuotas pagadas de la hipoteca) y el banco habrá perdido 15 (setenta y cinco de la hipoteca menos sesenta del valor de mercado de la vivienda que recibe).

Pero si el particular encuentra un trabajo en ese momento y otro banco le concede una hipoteca, y vuelve a comprar en el mercado la misma vivienda a un precio de 60, habrá reducido su deuda en 15 y a cambio tiene la misma vivienda que hace unos años valía 100 y ahora vale 60. Como contrapartida, la pérdida del banco por 15 se mantiene. Esta reducción de deuda es la que puede generar que aumente la morosidad y explica la argumentación del gobierno. El efecto final es que la pérdida de valor de los inmuebles por el pinchazo de la burbuja se traslada en su totalidad a la Banca, que tendría que ser rescatada por el BCE. ¿Pero acaso el BCE y la banca no son los responsables de la burbuja inmobiliaria? ¿No tienen ellos las herramientas para restituir la liquidez perdida al sistema financiero? ¿No habríamos evitado el empobrecimiento de la población y el  “efecto domino” sobre toda la economía por la caída del consumo? ¿No hubiera sido esto lo más justo?

En cualquier caso, la “cruda” realidad para el particular es que ahora no tiene capacidad laboral ni económica para comprar esa vivienda de 60 por lo que se queda sin hipoteca y sin vivienda; por lo que la primera conclusión es la válida, el particular ha perdido 25 y el banco ha perdido 15; y llegará un especulador que comprará una vivienda por 60, que a medio o largo plazo volverá a valer 100. Si además no se admite la dación en pago la conclusión es que el banco jurídicamente podrá cobrar el importe que ha perdido de 15 al particular, por lo que todo el peso de pérdida de valor por 40 por la burbuja inmobiliaria habrá caído sobre el particular y seguirá siendo un especulador quien comprará una vivienda por 60 que con el paso de los años valdrá otra vez 100. Los números se agravarían para el banco si en vez de conceder inicialmente una hipoteca de 80 hubiese concedido una de 90, 100 ó 110 que también ha ocurrido.

Como ha dicho algún político el resultado final ha sido que tenemos mucha gente sin vivienda y muchas viviendas sin gente. Y añado yo que necesitamos políticos y gobernantes más audaces, con esa clarividencia mental que da la preocupación por el bien común.

La Banca se ha convertido en la gran Inmobiliaria de España. Durante 2013 se han adjudicado 50.000 viviendas de particulares, un 11% más que durante el 2012 según fuentes del Banco de España.  Cuando alguien solicita un préstamo hipotecario para la compra de una vivienda se lo conceden a cambio de que compre alguna de su stock de viviendas. La Sareb por su parte tiene una cartera de 50.000 millones de euros en viviendas. Cuando se termine de estabilizar el precio de la vivienda, cosa que parece que ya está ocurriendo, los inversores extranjeros empezarán a movilizarse; ya lo están haciendo. La Sareb y la Banca obtendrán jugosos beneficios procedentes de su cartera inmobiliaria.

Hay que hacer la mención honrosa del Banco de Sabadell para quien se afirma que es el único Banco que no desahucia y la única entidad que ofrece siempre la alternativa de un alquiler social según fuentes de la PAH. Inicialmente seleccionó bien su cartera de hipotecas y posteriormente valoró soluciones caso por caso con un programa de alertas, alargando el plazo de la hipoteca para rebajar la cuota, ofreciendo una carencia de capital o excepcionalmente una segunda hipoteca. En último término, si la vivienda pasa a ser propiedad del Sabadell, a los afectados se les ofrece un alquiler social. Este ejemplo parece que también empieza a ser seguido por otros bancos. 

Ahora se trata de resolver tanto el problema de los desahucios, como el de los ya desahuciados. El gobierno de España debería hacer un estudio pormenorizado, caso por caso, de los resultados obtenidos por la ley 1/2013, de 14 de mayo y ver en qué medida se están alcanzando los objetivos propuestos y en qué medida se están corrigiendo los efectos de las políticas nefastas que llevaron a una burbuja inmobiliaria sin precedentes. Debería replantearse de nuevo la dación de pago generalizada y retroactiva.

En la reforma fiscal, la única mención es la de declarar exenta la plusvalía en la dación de pago cuando el valor total de la deuda pendiente que se cancela supera el valor de adquisición de la vivienda. Esto no es lo habitual. Sólo puede ocurrir en aquellos casos en que el Banco concedió una hipoteca de 120 para una vivienda de 100. Son casos dónde hay una negligencia flagrante del Banco, y son la excepción. Es una reforma de cara a la galería y nada más.

Sobre este mismo tema, es más interesante que Montoro resuelva el caso de las plusvalías municipales que se están pagando en ventas de inmuebles con pérdidas  dónde algunos ayuntamientos han hecho sus cálculos en base a valores catastrales y se han sacado una plusvalía de la “chistera”.

Nos encontramos en el contexto financiero económico y financiero  idóneo para que Rajoy encuentre la forma de financiar actuaciones que permitan “reparar” injusticias creadas por la burbuja inmobiliaria y los desahucios; y evite que las viviendas vacías acaben en manos de especuladores. Esta es la única forma de evitar que situaciones injustas sirvan de bandera para partidos y grupos radicales que buscan obtener en la calle lo que no consiguen en las urnas.

Una actuación decidida y eficaz en este campo le permitirá también al gobierno cumplir otros  temas pendientes de su programa electoral como el Anteproyecto de Ley Orgánica para la protección de la vida del concebido y de los derechos  de la mujer embarazada, que tienen detrás injusticias mucho más graves, grupos económicos muy activos y una sociedad que parece anestesiada a la hora de entender.

lunes, 23 de junio de 2014

DESAHUCIOS Y DESAHUCIADOS I


 
 
“La batería de medidas de política monetaria anunciada por el presidente del Banco Central Europeo desata la euforia de los inversores”. “Lluvia de liquidez”. “Rebajas del tipo oficial de interés al 0,15%, penalización de la facilidad de crédito  y en otoño barra libre LTRO (Long Term Refinancing Operation)  de 400.000 millones a condición de que los fondos se destinen a financiar la economía real”. “El IBEX 35 sube y la prima de riesgo baja a niveles que no se veían desde mayo del 2010”. “Fin de la debacle del mercado inmobiliario en el 2014 y estabilización de precios de la vivienda”. “Incremento del consumo interno”. “Reducción del déficit”. “Boom de crecimiento económico y mejor ritmo de creación de empleo”. “El segundo trimestre será mejor que el primero”. “Continúa la fiesta”.

Son algunos de los titulares de la prensa económica de comienzos de Junio que se llena con los ansiados brotes verdes.

También alguna noticia “insólita” como “la inclusión -por imposición de Bruselas- en el cómputo del PIB de las actividades ilegales como el tráfico de drogas y la prostitución”. ¿Quo Vadis Europa?

Y alguna precaución como la de Francisco Uría “estas medidas tienen el riesgo de generar un exceso de expectativas (…). A mi juicio, el volumen de nuevo crédito concedido y su evolución tiene más que ver con el flujo de demanda solvente, entendida como solicitudes de financiación ligados a proyectos empresariales viables”.

Y también alguna precisión por mi parte: con los particulares, autónomos y PYMES la banca nunca se conforma con proyectos empresariales viables sino que quiere también garantías personales, o reales que se sustentan en la vivienda; y mientras los precios de la vivienda y los inmuebles desciendan, el volumen de transacciones del mercado inmobiliario sea reducido y los bancos tengan saturado su stock, la vivienda y los inmuebles no sirven como garantía válida, por tanto no somos solventes, por tanto no hay crédito. Quizá ahora que los precios de la vivienda empiezan a estabilizarse, para el que todavía conserve la suya y no se la haya quedado el banco, las cosas empiecen a cambiar.

El 26 de Julio de 2012 afirmó Draghi que "Bajo nuestro mandato el BCE hará todo lo que esté en su mano por proteger al euro. Y créanme, será suficiente", asegurando que "ningún país saldrá de la zona euro". "Si la prima soberana daña el funcionamiento de los canales de transmisión de la política monetaria, entonces entra en nuestro mandato", Fueron palabras tan “mágicas” para resolver la crisis financiera como evidenciadoras de que la raíz del problema de nuestros males estaba en el diseño del euro, en los Estatutos del Banco Central Europeo y en  la obstinación germánica del gobierno de Merkel.

Esta lluvia de dinero parece interesante, sobre todo cuando nace con el requisito de que no acabe financiando deuda pública, pero puede ser también el “caldo de cultivo” para la aparición de nuevas burbujas, aunque ahora podemos estar más organizados.

En Noviembre del 2012 en un artículo en esta misma Tribuna tuve ocasión de hablar sobre el grave problema de los desahucios comentando que “La burbuja inmobiliaria fue una auténtica ratonera en la que muchas familias se endeudaron actuando razonablemente y ahora no pueden pagar, sencillamente porque no eran expertos en burbujas inmobiliarias ni adivinos para prevenir el calado de la crisis que se nos echaba encima. A nadie se obligó a pedir una hipoteca para comprar su vivienda pero las expectativas de que si no podemos pagar la vendemos y tenemos una plusvalía era un pensamiento generalizado.

La mala configuración del euro llevó a políticas monetarias de bajos tipos de interés para reanimar las economías centroeuropeas como la alemana pero muy nocivas para los países periféricos como España dónde se generaron las burbujas inmobiliarias. Todos los expertos sabían que los inmuebles estaban sobrevalorados, que había burbuja inmobiliaria, pero su prolongación en el tiempo antes de “pincharse” y la existencia de una burbuja anterior de escasas consecuencias como la que se extendió en España desde 1989 a 1992 generó la sensación colectiva de que aquí no va a pasar nada. Únicamente en Japón teníamos un referente que podía indicar el peligro que nos acechaba, ¿pero el ama de casa, el trabajador podían saber lo que había pasado y pasaba en Japón? ¿No debían ser las instituciones las que alertaran de forma eficaz y efectiva de la “gota fría” que se estaba acumulando en las altas capas de la atmósfera y los efectos devastadores que iba a tener?

El banco central europeo tiene por objetivo controlar la inflación, a diferencia de la Reserva Federal que además tiene como objetivo el crecimiento económico. La inflación se mide por el índice de precios al consumo y si consultamos en Wikipedia encontramos que una de las críticas que se hace al IPC es que “no incorpora una medición del precio de la vivienda en propiedad”. ¿No se le ocurrió al Banco Central Europeo pensar que debía controlar el precio de la vivienda? Ya se ve que no, pero debería haberlo hecho. Tampoco lo está haciendo ahora porque no se “entera” de las disfunciones que crea en la economía la caída del precio de la vivienda. En concreto el sistema de garantías que permite a los bancos prestar a las pymes y autónomos está desactivado, y no habrá crédito mientras no haya sistema de garantías y no hay sistemas de garantías mientras los precios de la vivienda no se estabilicen. (…) Cuando un banco ejecuta un desahucio lo único que hace es cambiar una hipoteca por cobrar por una vivienda para vender y además asume unos gastos de comunidad y mantenimiento; deja al ciudadano en la calle y no recupera su liquidez y encima tiene que ser rescatado con dinero público.

Han pasado ya un par de años más y los desahucios han dejado tras sí una estela de injusticia, desolación y miseria fácilmente convertida y convertible en actuaciones “antisistema” en la calle. Se elaboró una ley de desahucios cuya efectividad ha sido limitada porque no ha evitado que siga habiendo desahucios y en la práctica apenas ha aportado soluciones a los que ya han sido desahuciados. Ha incluido la suspensión durante dos años de los desahucios en los que los afectados cumplan unas condiciones de especial vulnerabilidad, ha modificado el régimen de subastas de viviendas y ha promovido un sistema de quitas, un Fondo Social de Vivienda de alquiler destinado a familias desahuciadas y un código de buenas prácticas, pero no ha incorporado la dación en pago universal y retroactiva que se pedía en la Iniciativa Legislativa Popular; y también por el Consejo General de la abogacía española y por The economist que también reprochó al Gobierno que se preocupara más por los bancos que por los ciudadanos. 

La defensora del pueblo, Soledad Becerril, en fecha 23 de diciembre de 2013 recordó a la AEB y a la CECA que se siguen produciendo actuaciones “no acordes con la legalidad ni con el código de buenas prácticas y esto provoca “situaciones graves” en  personas deudoras de buena fe, que no pueden hacer frente a sus compromisos por razones claramente fundamentadas y mencionadas en la ley.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que “vulnera la normativa comunitaria porque no garantiza a los ciudadanos una protección suficiente frente a cláusulas abusivas en las hipotecas, no permite a los jueces paralizar un desahucio invocando cláusulas abusivas en las hipotecas, sino que esta cuestión ha de resolverse en otro juicio una vez que ya se ha ejecutado la expulsión.

En la segunda parte analizaremos las razones del gobierno para no aceptar la dación de pago generalizada y retroactiva y las posibilidades que ofrece la coyuntura actuar para resolver el problema de los desahucios y los desahuciados.

martes, 6 de noviembre de 2012

EL PROBLEMA DE LOS DESAHUCIOS


 
Únicamente en Japón teníamos un referente que podía indicar el peligro que nos acechaba, ¿pero el ama de casa, el trabajador podían saber lo que había pasado y pasaba en Japón? ¿No debían ser las instituciones las que alertaran de forma eficaz y efectiva de la “gota fría” que se estaba acumulando en las altas capas de la atmósfera y los efectos devastadores que iba a tener?
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Los desahucios en España no sólo tienen tintes dramáticos –cada desahucio es un drama- sino que se han convertido en un problema social de dimensiones considerables. La burbuja inmobiliaria fue una auténtica ratonera en la que muchas familias se endeudaron actuando razonablemente y ahora no pueden pagar sencillamente por que no eran expertos en burbujas inmobiliarias ni adivinos para prevenir el calado de la crisis que se nos echaba encima. A nadie se obligó a pedir una hipoteca para comprar su vivienda pero las expectativas de que si no podemos pagar la vendemos y tenemos una plusvalía, era un pensamiento generalizado.

La mala configuración del euro llevo a políticas monetarias de bajos tipos de interés para reanimar las economías centroeuropeas como la alemana, pero muy nocivas para los países periféricos como España dónde se generaron las burbujas inmobiliarias. Todos los expertos sabían que los inmuebles estaban sobrevalorados, que había burbuja inmobiliaria, pero su prolongación en el tiempo antes de “pincharse” y la existencia de una burbuja anterior de escasas consecuencias como la que se extendió en España desde 1989 a 1992 generó la sensación colectiva de que aquí no va a pasar nada. Únicamente en Japón teníamos un referente que podía indicar el peligro que nos acechaba, ¿pero el ama de casa, el trabajador podían saber lo que había pasado y pasaba en Japón? ¿No debían ser las instituciones las que alertaran de forma eficaz y efectiva de la “gota fría” que se estaba acumulando en las altas capas de la atmósfera y los efectos devastadores que iba a tener?

El banco central europeo tiene por objetivo controlar la inflación, a diferencia de la Reserva Federal que además tiene como objetivo el crecimiento económico. La inflación se mide por el índice de precios al consumo y si consultamos en Wikipedia encontramos que una de las críticas que se hace al IPC es que “no incorpora una medición del precio de la vivienda en propiedad”. ¿No se le ocurrió al Banco Central Europeo pensar que debía controlar el precio de la vivienda? Es evidente que no, pero debería haberlo hecho. Tampoco lo está haciendo ahora porque ignora las disfunciones que crea en la economía la caída del precio de la vivienda; en concreto el sistema de garantías que permite a los bancos prestar a las pymes y autónomos está desactivado, y no habrá crédito mientras no haya sistema de garantías y no hay sistemas de garantías mientras los precios de la vivienda no se estabilicen. Si algo está claro es que el Banco Central Europeo es responsable. Quizá no sea el único, ni el principal pero lo es y nadie le está exigiendo responsabilidades.

Cuando un banco ejecuta un desahucio lo único que hace es cambiar una hipoteca por cobrar por una vivienda para vender y además asume unos gastos de comunidad y mantenimiento; deja al ciudadano en la calle y no recupera su liquidez, y encima tiene que ser rescatado con dinero público. La banca también es responsable y tampoco se le están exigiendo responsabilidades.

Ahora se está articulando un “banco malo” donde se están incluyendo las viviendas vacías en poder de la banca. Este “banco malo” es una inversión a muy largo plazo. Cuando la economía se recupere tendrá un gran valor, pero mientras tanto ha de ser financiado.  La constitución española dice en su artículo 47 que “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada.”. Al gobierno de Rajoy –el anterior fue incapaz de hacer nada; estaba obsesionado en imponer la ideología de género y la cultura de la muerte: estas fueron sus únicas ocupaciones- y en concreto al ministro Luis de Guindos ¿no se le ha ocurrido ampararse en este precepto constitucional para proteger la vivienda familiar? El mecanismo es tan sencillo como eficaz, y además genera votos. Se trataría de permitir para aquellas viviendas donde se está censado –la vivienda familiar- que se pueda dejar de pagar la hipoteca opcionalmente y se acumulen los intereses y el principal en la escritura de propiedad mientras no se produzca una compraventa. El banco prestamista aportaría al “banco malo” un crédito hipotecario para cobrar en vez de una vivienda para vender y el propietario no sería desahuciado. El gobierno anterior, también es “responsable” y el actual lo está empezando a ser.

Este banco malo tendrá que ser financiado por el Banco Central Europeo. No hemos de olvidar nunca que si bien una vivienda necesita un año o más para ser construida, el dinero se fabrica de hoy para mañana. La inflación está controlada y el tipo de cambio respecto al dólar está “fuerte” y nos vendría mejor que se devaluara. Una inyección de dinero de nueva creación introducido en el sistema financiero mediante préstamos a muy largo plazo dirigido a financiar el banco “malo” en estos momentos, dicen los expertos que sería beneficiosa para la economía española, europea y el fortalecimiento del euro como sistema monetario.

Está bien que Bruselas y en concreto Ángela Merkel se preocupe de controlar el déficit y provocar que se hagan reformas estructurales que acaben entre otras cosas con el despilfarro de las subvenciones públicas; pero esta mentalidad “germánica” con la que se aplica y la indecisión de Rajoy rayana en la pusilanimidad, nos están prestando un flaco servicio. Bruselas y Merkel también son responsables.

Y en el reparto de responsabilidades no olvidemos tampoco como ya hemos dicho antes que a nadie se obligó a pedir un préstamo hipotecario para comprar su vivienda, y que cada cual ha de asumir su propia responsabilidad; pero no es justo que sea la economía doméstica, el particular, el ciudadano el que cargue con todas las consecuencias. Crece la indignación y la rabia contenida.

Por último y para colmo, que aparezca Rubalcaba y la izquierda radical queriendo solucionar el problema causa “pavor” porque ya sabemos de qué pie cojean y a donde nos suelen llevar.

sábado, 14 de enero de 2012

RESCATAR A LAS ECONOMÍAS DOMÉSTICAS




Si se rescata a las economías domésticas se evita tener que rescatar posteriormente al sistema financiero. A las economías domésticas se las rescata creando empleo como dice Rajoy pero también protegiendo la vivienda familiar.

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Las medidas tomadas hasta ahora por el nuevo gobierno de Rajoy se han dirigido principalmente a solucionar su propio problema, el problema del déficit de las administraciones del Estado y de la Deuda Pública y para ello nos han apretado también “el cinturón” a las economías domésticas -los particulares- en mayor proporción que al sector público. Cabría decirle al gobierno que mientras no se deciden a “rescatar” a la economía doméstica “que cada palo aguante su vela”.

Recientemente en este Diario se han publicado las cifras de los activos que acumula la banca entre pisos, solares y promociones en marcha por un importe de 73750 millones de euros con unas provisiones realizadas de 21700 millones. Sean cuales sean las provisiones realizadas está claro que el sistema financiero tiene 73750 millones de fondos bloqueados en viviendas para vender. La falta de liquidez “es la que es” y de una manera o de otra habrá que reponerla para que la banca ejerza su labor financiera. Las provisiones lo único que hacen es darnos a conocer la “cruda” realidad reflejando la adecuación del valor de los inmuebles a los precios del mercado; pero estos precios se hundirán todavía más por el efecto de la oferta superior a una demanda que además precisa de préstamos bancarios para materializar la compra, préstamos que a su vez precisan de garantías inmobiliarias para ser concedidos, garantías que se desmoronan con el paso del tiempo por la caída de precios.

En definitiva la cifra de 73750 millones es la falta de liquidez actual de la banca por este concepto. Podríamos concluir que desde que empezó la crisis en el 2007 los bancos han transformado “préstamos hipotecarios por cobrar” en “viviendas por vender” por este importe pero no han solucionado su problema de falta de liquidez. La otra cara de la moneda es que gran parte de esos inmuebles son viviendas familiares, garantizadas por la constitución, que los particulares han perdido mediante desahucios quedándose en la calle o socorridos por otros miembros de la familia, los que tienen la suerte de tenerla.

Se propone con estos inmuebles crear un “banco malo” por importe de 73000 millones de euros -posteriormente se han barajado cifras de 50000 millones- y obligar a la banca a hacer saneamientos y capitalizarse pero la situación actual no es definitiva todavía.

En los tres primeros trimestres del año 2011 se han registrado en España 42879 desahucios, cifra muy superior a la del mismo periodo del 2010 que fue de 34459 y se espera que en el 2012 se batirán nuevas marcas. En los procedimientos concursales los administradores concursales se dan por satisfechos si consiguen que las Entidades Financieras se queden los inmuebles y den por cancelada su deuda hipotecaria renunciando a posteriores reclamaciones. Los bancos prefieren un inmueble a un préstamo hipotecario porque las obligaciones de realizar provisiones son superiores en los préstamos que en los inmuebles, pero lo que está claro y me repito de nuevo es que la falta de liquidez “es la que es” por más provisiones que se hagan.

El grifo todavía no se ha cerrado y el flujo de desahucios continúa y vá destrozando la sociedad. Las expectativas de “recesión” económica para el nuevo año lo pintan todavía más negro. El “banco malo” -o la cuantía total de falta de liquidez en la banca- no se puede organizar sólo por el valor de los inmuebles en poder de la banca, ni siquiera añadiendo a éstos los préstamos que ya tienen cuotas impagadas sino considerando también todos los préstamos susceptibles de convertirse en morosos en el futuro. El límite final está en el volumen de endeudamiento del sector privado que tiene cifras muy altas, bastante más altas que el sector público.

El fuerte endeudamiento hipotecario del sector privado se va trasladando a la banca cuando las economías domésticas no pagan sus cuotas hipotecarias. Si se rescata a las economías domésticas se evita tener que rescatar posteriormente al sistema financiero. A las economías domésticas se las rescata creando empleo como dice Rajoy pero también protegiendo la vivienda familiar.

Recordemos que en España la crisis económica ha tenido dos vertientes, una internacional generada por la pésima configuración del euro, los bajos tipos de interés que propiciaron la burbuja inmobiliaria, los “instrumentos financieros derivados” sin control de los bancos centrales que fomentaron el incremento irracional de precios; y una vertiente nacional generada por nuestro mercado laboral que nos ha propiciado el doble de tasa de paro que en el resto de Europa. Hay una doble responsabilidad. La primera imputable a Bruselas y al Banco Central Europeo y la segunda a los agentes económicos internos, léase mercado laboral, sindicatos y la negligencia del anterior gobierno que nunca debió llegar a gobernar. Alguien dirá también que a nadie se obligó a hipotecarse para comprar una vivienda. Ciertamente es así pero el mercado Inmobiliario durante los años 2000 a 2006 ha sido una especie de ratonera en la que muchos han quedado atrapados.

Al Banco Central Europeo se le ha de exigir que asuma su responsabilidad por la crisis financiera. La solución es más simple de lo que parece y está en la línea de acumular, opcionalmente y durante un plazo de tiempo –al menos mientras se recupera la economía-, los capitales vencidos de los préstamos y los intereses devengados, en la escritura de propiedad de la vivienda de forma que sólo tengan que ser satisfechos obligatoriamente si se produce la venta de la vivienda. Estos préstamos con cuotas e intereses sin pagar acumulados deben redirigirse hacia un “banco malo” y ser financiados con la garantía del Banco Central Europeo. Sin la financiación del Banco Central Europeo no podemos hacer nada de nada.

Parece que dado nuestro nivel de Deuda Pública ahora no sea el momento de enfrentarse a Bruselas, pero se evitaría la caída de precios del mercado inmobiliario provocada por la mayor oferta, una caída mayor del consumo y se recuperaría el sistema de garantías del mercado de crédito. Para los que ya han sido desahuciados deben arbitrarse medidas que les permitan recuperar su vivienda.

Fabricar bienes y servicios supone realizar todo un complicado proceso productivo y organizar eficientemente unos recursos pero inyectar dinero en la economía es tan simple como darle a un botón; llamémoslo como queramos: eurobonos, compra de Deuda Soberana, préstamos a bajo tipo de interés… etc.; pero sólo se puede hacer desde la Unión Europea y desde el Banco Central Europeo y lógicamente sólo se debe hacer cuando se ha tocado el “fin de fiesta” y esto parece que ya ha ocurrido en España, Italia y Grecia. Ahora que en España ya no gobiernan aquellos que nunca debieron haber gobernado, estamos en condiciones de negociar este tema en Bruselas con un poco de “mala leche” si hace falta por la parte de responsabilidad que les toca.

Algunos ayuntamientos como el de Torrelavega han creado una comisión de Desahucios y han iniciado rondas de encuentros con todas las  entidades bancarias, entre ellas el BBVA, a las que pedirán que adopten medidas para prevenir los desalojos de viviendas por falta de pago. Iniciativa loable pero que cuenta con unos medios muy limitados. Es el Gobierno de la Nación el que debe abordar el problema cuanto antes y para ello se necesita temple y coraje, el mismo que se tuvo cuando se diseñó el Plan Marshall. En el debate de investidura, Cayo Lara, se ha llenado la boca hablando de los desahucios de viviendas pero la Izquierda radical ha demostrado una y otra vez que nunca soluciona nada sino que para ellos los problemas son bandera para introducir ideologías. No hacer nada supondrá dejar que se incube un grave problema social que alguien, el Rubalcaba de turno, se encargará de cocinar y tarde o temprano explotará en la calle.
 

jueves, 4 de agosto de 2011

¿QUIÉN RESCATA A LAS ECONOMÍAS DOMÉSTICAS DE LOS DESAHUCIOS?



 
 
Si el dinero invertido en el Plan-E se hubiese dirigido a garantizar la propiedad de las primeras viviendas en cada economía doméstica, en estos momentos no tendríamos los desahucios que se están produciendo, ni los problemas derivados de la falta de garantías crediticias.
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Que las administraciones locales y autonómicas no pueden hacer frente puntualmente al pago de la deuda de sus proveedores es una realidad que ya está presente. Que como contrapartida los proveedores han aplicado o están aplicando la “prima de riesgo” que les “dá la gana” sobre sus precios es otra realidad muy probable y verificable. Que estas administraciones en  un futuro próximo no podrán hacer frente al pago de sus gastos ordinarios entre ellos las nóminas de los funcionarios es una realidad posible y que está por llegar. Que el gobierno Central no podrá hacer frente al pago de los vencimientos de su deuda en los mercados financieros internacionales y tendrá que ser rescatado es otra realidad probable y que también está por llegar. Y que cuando llegue el plan de rescate nos harán un plan de subida de impuestos para que usted y yo seamos los verdaderos rescatadores, es otra realidad con la que tendremos que “apechugar”. Pero, mientras tanto ¿quién rescata a las economías domésticas de los desahucios a los que no pueden hacer frente?

La burbuja inmobiliaria que degeneró en la actual crisis económica tiene unas connotaciones que no ha tenido ninguna de las crisis anteriores. Recientemente los titulares de Cantabria El Mundo han destacado que la crisis se ha cobrado en medio año 144 desahucios. Es un dato que clama justicia, sobre todo cuando la Constitución Española establece en su artículo 47 que: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho,..”

Ciertamente el que se ha endeudado para comprar su vivienda lo ha hecho libremente y a nadie se ha obligado a pedir un préstamo hipotecario, pero las circunstancias del mercado inmobiliario han planteado para muchas familias situaciones en que lo “razonable” era asumir un riesgo y endeudarse con la esperanza de poder pagarlo a su vencimiento y en caso contrario se obtendría una plusvalía con su venta. La explosión de la burbuja dio al traste con esta plusvalía y la crisis posterior dio al traste con la posibilidad de pagar los vencimientos de la deuda hipotecaria. Si a esto añadimos la experiencia de burbujas anteriores, la actual crisis tiene connotaciones que eran imprevisibles para las economías domésticas.

En el año 1989 se inició una burbuja inmobiliaria con incrementos importantes de la vivienda que no cesaron hasta la crisis económica de 1992. El efecto sobre el sector inmobiliario fue que los precios de las viviendas se mantuvieron prácticamente estables durante siete años, pero en ningún momento bajaron ni inutilizaron el mercado inmobiliario ni el sistema de garantías crediticias.

En el año 1998 se inició una burbuja de las empresas tecnológicas que se mantuvo hasta el año 2000 con la crisis de las punto.com y la caída de la bolsa. El resultado fue que unos inversores se enriquecieron y otros –los últimos en llegar- se empobrecieron, pero nada más.

Posteriormente se inició en el año 1999 y 2000 la última burbuja inmobiliaria que se mantuvo ininterrumpidamente hasta el año 2007 gracias a los bajos tipos de interés. Si bien como hemos dicho antes nadie fue obligado a pedir su hipoteca, la nefasta configuración de la Unión Monetaria Europea, del Euro y del Banco Central Europeo, y la irresponsabilidad de la Reserva Federal que propició la crisis de las subprime han desencadenado la crisis económica actual en los países europeos periféricos entre los que está España. Y si a esto añadimos que en España por los problemas estructurales del mercado sindical y laboral, que tienen nombres y apellidos, tenemos una ración doble de crisis con el doble de paro que en el resto de los países de la Zona Euro, se comprende la insostenible situación en la que estamos. Y es que la vivienda además de ser un bien de inversión la mayor parte de las veces es sobre todo un bien de primera necesidad y la explosión de la burbuja en estos casos se dirige directamente sobre la economía doméstica destrozándola. Es evidente que el Estado no puede desentenderse de este problema salvo que quiera que el movimiento de indignados degenere en un terrorismo de baja intensidad.

Soluciones las había y las hay todavía, aunque para los que ya han sufrido un desahucio sean más difíciles de instrumentar. Y las soluciones están en la línea de acumular opcionalmente los capitales vencidos de los préstamos y los intereses devengados en la escritura de propiedad de la vivienda. Si el dinero invertido en el Plan-E se hubiese dirigido a garantizar la propiedad de las primeras viviendas en cada economía doméstica, en estos momentos no tendríamos los desahucios que se están produciendo, ni los problemas derivados de la falta de garantías crediticias. Conviene no olvidar tampoco qué el Tipo de Cambio del Euro está fuerte respecto al Dólar, el renminbi chino (RMB) muy devaluado, y la inflación está controlada en la Zona Euro; y que el “dinero” en última instancia se fabrica, es decir hay una “maquinita” por la que por un lado se introduce papel, tinta y otros materiales y por otro lado salen billetes de cinco, cien, quinientos euros. Cuando la economía funcionaba con el sistema de patrón oro, los galeones españoles venían de América cargados de lingotes e inundaban los mercados financieros de moneda. Ahora lo tenemos más fácil porque no hay que ir a las Américas a buscar moneda. El problema de fondo es ¿quién paga los platos rotos?: los ciudadanos de países periféricos mediante subidas de impuestos, los ciudadanos de la zona euro mediante un incremento de la inflación o bien los países acreedores como China y Sudeste Asiático que, como no tienen la llave de la Caja -los dólares los genera la Reserva Federal y los Euros el Banco Central Europeo- se les paga con moneda recién emitida y todavía caliente.

También hay que tener presente algunas circunstancias que hacen que el mercado inmobiliario español en el futuro sea especialmente atractivo para países como Francia, Alemania y Gran Bretaña como son la menor densidad de población española –con diferencia-, el clima más favorable...etc. Cuando se apruebe la Constitución Europea, si un día llega, y sea posible votar en cualquier capital, para el ciudadano francés y alemán jubilado será especialmente atractivo una tercera residencia en España dónde pasar el invierno.

El Partido Popular debería afrontar este problema de los desahucios y buscar soluciones porque ahí está el futuro de muchas familias españolas; y nunca dejar que se lo apropien en exclusiva los partidos radicales de izquierdas porque en estos temas nunca solucionan nada sino qué simplemente lo utilizan de bandera como una forma de introducir ideologías.

sábado, 23 de octubre de 2010

SOLUCIONES A LA CRISIS


La prensa destaca estos días que EEUU inyectará miles de millones en su economía para reactivarla mediante la compra de Bonos por parte de la Reserva Federal y mantendrá los tipos de interés casi a cero. Se teme que esto provoque una mayor depreciación del dólar y acentúe la guerra de divisas sobre todo con la moneda china, el renminbi “RMB”. El euro se apreciará y nuestras exportaciones se verán afectadas pudiendo contraerse el comercio internacional como ocurrió en el crack del 29.

El motivo de estas medidas es que la economía no despega.  El gasto público y las medidas presupuestarias adoptadas no consiguen que la demanda privada se recupere por el fuerte endeudamiento de las economías domésticas y el empobrecimiento que nos ha dejado la caída del sector inmobiliario con el consiguiente bloqueo del crédito bancario que pierde su sistema de garantías.

Hasta ahora se ha venido actuando mediante políticas presupuestarias y actuaciones en el sector financiero, dentro de un contexto monetario de bajos tipos de interés; pero nos encontramos que el gasto público está teniendo en muchos países altas dosis de despilfarro, sobre todo en España, por la fuerte crisis de valores en la sociedad y en las instituciones; y la banca vá a la “suya” y utiliza los recursos únicamente para sanear sus balances cumpliéndose con frecuencia aquello de que cuando necesitas un crédito la banca no te lo da porque no eres solvente y cuando te lo ofrece porque eres solvente entonces no lo necesitas.

La Reserva Federal y el Banco Central Europeo deberían buscar medidas que incidieran más directamente en la economía productiva y en las economías domésticas.

Cuando estalló la burbuja inmobiliaria se podría haber hecho, y todavía se puede hacer, una vinculación, de forma opcional, de las hipotecas con los activos que las garantizan congelando sus vencimientos y acumulando los intereses, de forma que  sólo en una transmisión tuviera que cancelarse la hipoteca. Estos préstamos deberían garantizarse por los Bancos Centrales a la Banca Privada. Se hubiera evitado la caída de la demanda y sólo hubiera quedado por “digerir” el traspaso de recursos humanos del sector inmobiliario a otros sectores. Puede parecer demasiado “pretensioso” y mientras no lo digo algún Nobel de Economía nadie lo va a escuchar, pero es algo similar a lo que se ha hecho con la banca pero en este caso directamente con las economías productivas y economías domésticas.

La demanda privada no va crecer por más malabarismos que hagan los bancos centrales con los tipos de interés mientras no se descargue a las economías domésticas de la losa que las oprime, ante la cual con frecuencia han sido víctimas más que causa. Conviene también mencionar que la utilización de los tipos de interés como herramienta de política monetaria no es inocua. Detrás de ella hay un problema de equidad y de justicia entre el ahorrador y el emprendedor y ha habido muchos intentos de determinar cuál es el tipo de interés óptimo para la Economía como la Regla de Taylor. La aparición de “burbujas” en los activos es el peligro más inminente en la situación actual. El slogan de los sindicatos de que los que nos han metido en la crisis no nos van a sacar de ella tiene su fondo de razón si bien no es óbice para que no se acometa la reforma del mercado laboral que nos ha otorgado otra ración adicional de crisis en forma del doble de paro que en cualquier otro país del mundo occidental.

En un contexto de baja inflación, cuando no deflación, y con una moneda propia que todos parecen querer devaluar, medidas como la propuesta son perfectamente aplicables. Tendrían un efecto similar al que produce la reducción de impuestos o el seguro de desempleo que impide el desplome de la demanda privada y la caída del PIB.

En cada Estado se han de acompañar con las reformas estructurales necesarias. En España lo que se está haciendo, congelar las pensiones y reducir el sueldo de los funcionarios permitirá reducir el déficit a corto plazo pero es justo lo que no había que hacer; porque es pan para hoy y hambre para mañana, ya que incide negativamente en la demanda privada y no permitirá que crezca el PIB. 

Esperemos que se tomen medidas adecuadas para que no acabemos en la misma situación que Japón que lleva 20 años en recesión y no hay atisbos de cambio.